En un cazo pon el agua (o la mezcla de agua y leche), la mantequilla, el azúcar y la pizca de sal. Calienta a fuego medio hasta que hierva y la mantequilla se haya derretido completamente.
Retira del fuego, echa toda la harina de golpe y remueve con una cuchara de madera con energía hasta que la masa se despegue de las paredes del cazo y forme una bola. Esto suele llevar 1-2 minutos.
Deja templar la masa unos 5-10 minutos. Añade entonces los huevos de uno en uno, batiendo bien después de cada adición hasta que se integre por completo. La masa final debe quedar brillante y caer en forma de lazo al levantar la cuchara.
Calienta abundante aceite en una sartén o freidora a unos 160-170 °C. Con dos cucharas o una manga pastelera, forma porciones pequeñas de masa (del tamaño de una nuez) y fríelas en tandas sin llenar demasiado el recipiente.
Los buñuelos de viento se hincharán rápidamente y suelen darse la vuelta solos. Fríelos hasta que estén dorados por completo, unos 6-8 minutos en total por pieza.
Retíralos con una espumadera y escúrrelos sobre papel absorbente. Aún calientes, pásalos por azúcar para rebozarlos.
Si quieres rellenarlos, espera a que se enfríen. Haz un pequeño agujero con la punta de una manga y rellena con crema pastelera, nata montada o chocolate fundido. Los buñuelos de viento rellenos quedan especialmente buenos con crema pastelera casera.