Para el mazapán, mezcla en un bol la almendra molida con el azúcar glas. Añade poco a poco el agua (o la clara) y amasa hasta obtener una masa homogénea que no se pegue a las manos. Si queda demasiado seca, agrega un poco más de líquido; si está pegajosa, incorpora un poco más de azúcar glas.
Espolvorea la superficie de trabajo con azúcar glas y estira el mazapán con un rodillo hasta dejarlo muy fino (2-3 mm de grosor).
Corta rectángulos de unos 6-7 cm de largo por 4-5 cm de ancho. Enrolla cada rectángulo alrededor de un palo fino (como el mango de una cuchara de madera) para formar tubos. Presiona ligeramente la unión para que no se abra. Deja secar los tubos al menos 4-6 horas o toda la noche a temperatura ambiente.
Para la yema confitada, prepara primero un almíbar: calienta los 100 g de azúcar con los 50 ml de agua hasta que hierva y se disuelva por completo. Deja enfriar ligeramente.
Bate las 6 yemas en un bol. Añade el almíbar templado poco a poco sin dejar de remover. Pasa la mezcla a un cazo y cocina a fuego muy suave, removiendo constantemente con una espátula durante 10-15 minutos hasta que espese y se despegue de las paredes. No dejes que hierva fuerte o la yema se cortará.
Deja enfriar la yema. Rellena los tubos de mazapán con ayuda de una manga pastelera o una cuchara pequeña, presionando suavemente para que quede bien lleno.
Opcionalmente, prepara un glaseado con azúcar glas y unas gotas de agua hasta conseguir una textura espesa pero fluida. Baña la parte superior de los huesos de santo y deja secar antes de servir.